Ayer fuimos con Edu, Flaca y Flaquito a una calesita en Paris (muchas son gratis en esta época del año) y ahí descubrimos a esta señora que se subió a un caballito y dio una vuelta. Le tuve que sacar una foto.
martes, 27 de diciembre de 2011
jueves, 15 de diciembre de 2011
Renace la esperanza
Llegamos hace un mes a Berlin con el plan de buscar departamento. Vimos varios, convencieron pocos, nos candidateamos a un par. Estuvimos muy cerca de abrochar uno, de una cooperativa de vivienda. Amplio, barato, no muy luminoso, pero es difícil encontrar luz cuando todos los días son nublados y anochece pasadas las 15. Hace un par de días tuvimos una reunión en la cooperativa que pensábamos que iba a ser un preámbulo para firmar contrato. Les mostramos nuestros papeles y nos dijeron que no nos podían tomar como inquilinos porque el reglamento no permite alquilar una propiedad a alguien que no tiene visa definitiva, algo que no tiene ningún extranjero porque siempre te van renovando la visa. Nos fuimos cabizbajos y nos atornillamos durante unas horas para buscar nuevos departamentos y tener más citas. Ayer ya vimos uno, que quedaba medio lejos y, según nos dijeron, en una zona de neonazis. Preferimos un barrio más tranquilo y que no nos obligue a hacer tres combinaciones para llegar. Hay varios para ver el fin de semana. En las próximas horas se confirmará, o no, un nuevo alquiler temporal para que en enero siga la tómbola inmobiliaria. Nos habían advertido que la cosa estaba complicada, pero la verdad que sorprendió la cantidad de gente que va a haber algunos departamentos.
De mientras, El Gráfico que me dejó de regalo el amigo Edu nos contagia un mensaje optimista:
De mientras, El Gráfico que me dejó de regalo el amigo Edu nos contagia un mensaje optimista:
viernes, 9 de diciembre de 2011
Noche en Frankfurt
Este post fue escrito a cuatro manos, luego de una noche de emoción, copas y karaoke, durante la feria del libro en Frankfurt. Próximamente, encontrarán las publicaciones de las que aquí se hablan en las mejores librerías. Pueden ir haciendo sus reservas.
19.05: Llegamos al hotel de nuestro común editor. ¿El edificio es a los hoteles lo que nuestra editorial al mercado? ¿Cón quién habla tanto por teléfono el editor? ¿Con la patrona? Preguntas que nos hacemos mientras esperamos en el hall, hasta que aparece, veinte minutos después. Caminamos unas cuadras hacia la zona más tourist.
19.45: Nos sentamos en un bar, pedimos cervezas y Flammkuchen, como para ir picando algo. Él se asusta ante los copones de medio litro, dice que nunca toma cerveza, que prefiere el vino. Intercambiamos banderines: él nos regala tres libros (las ediciones nos sorprenden por lo lindas, ¡llegaron las solapas!), le entregamos unas masas turcas que trajimos de Mannheim.
19:46: Perez se emborracha.
21.30: El editor se tiene que ir a otra reunión. (¡Cómo trabaja este hombre! Merece un aumento). De cebados que estamos, lo acompañamos aunque tenemos que ir para el otro lado. Nos despedimos.

Tenemos una manija tal que nos pasamos mucho más allá de la Römmerplatz, donde vamos a encontrarnos con Nacho, un encumbrado ejecutivo del negocio editorial cuya identidad no podemos revelar. Nos perdemos, nos volvemos a encontrar. Llegamos a la pequeña disneylandia medieval para turistas. Nos sentamos en un bar. Pedimos dos cervezas para esperar.
Medianoche: Llegan Nacho y representantes de la industria editorial latinoamericana, todos de nuestra edad o más jóvenes (momento de mini bajón). La camarera avisa que en quince minutos cierran. Nosotros entendemos todo y hacemos de intérpretes. Subidón idiomático. Los quince minutos pasan volando, vienen a echarnos, ayudamos a Nacho y a los jóvenes latinoamericanos a terminar sus cervezas. Cruzamos un puente y estamos del otro lado del río, en una zona de bares. Nacho nos lleva a uno que es para él el mejor bar del mundo. Se llama Dreikönigkeller y, como podemos intuir, es un sótano (keller = sótano). Nos tomamos algunas cervecitas. La música se reduce a rockabilly de los 50 y 60, todos los temas están buenos, no suena ni un hit, pero tampoco hace falta. Tenemos charlas muy profundas con él, con su mujer (amiga íntima de Perez) que llama desde Buenos Aires, por mail con todo el staff de Revista Cotorra y por BBM con @7efes. La felicidad es total.

Tardísimo: Nacho tiene el dato de un karaoke. Luego de un largo viaje en taxi, llegamos al lugar. Parece ser una zona medio fabril. El taxi nos deja ante un portón. Entramos y caminamos por un gran parking al que dan varios edificios bajos. Encontramos una especie de hangar del que sale música. La puerta está cerrada, golpeamos, esperamos. Hace muchísimo frío. Después de un buen rato, nos damos cuenta de que sólo suena una batería. Nacho llama a sus amigos, que nos vienen a rescatar desde otro de los edificios.

El karaoke está dividido en cuartos. El nuestro es el más agitado, por lejos. Hay un cajón de cervezas. La onda es agarrar y colaborar al final de la noche. Perfecto. Los alemanes eligen hits de los 80, un bodrio. La dinámica no termina de convencernos. Se canta mucho en grupo, hay tres micrófonos, no hay un escenario delimitado. Se lee del plasma y se canta. Luego de un análisis a distancia, descubrimos cómo es el manejo del programa de karaoke. Nacho carga Let it Bleed y cantan con Jose, se viven momentos de alto jaggerismo, Perez, gaucha, festeja. Al tercer tema de los Rolling, Perez, que no es precisamente fan, no puede más.

"Keep the Argentines away from the machine", dijo un flaco. Careta. Automáticamente fue bautizado como Chaleco, dada su indumentaria, y fue repudiado en cada estribillo, con diferentes canciones, como ¿Crees que soy sexy? , con la rima "sos Chaleco, sos botón".
Entramos a otras salas de karaoke, a ver qué onda. Eran grupos mucho más chicos, de 6, máximo, tirados en sillones, cantando muy tranqui. No se suponía que pudiéramos entrar, pero estábamos aburridos. En un momento no identificado de la noche, sonó Cuando pase el temblor. Hubo cadena de oraciones para que se despierte Gustavo, y también para que reaccione Zeta. Hubo un Dancing queen, de cuya elección fuimos inocentes, pero de todos modos copamos el micrófono. Jose quiso cargar un tema y, sin querer, sacó el que estaba sonando. Abucheos. Chaleco pone cara de "estos pibes me tienen podrido". Se van los amigos latinoamericanos, nos despedimos con promesas de mandarnos algo por mail. En todas las despedidas del mundo hay alguien que dice "mandame eso". Nacho y Jose vuelven a copar la escena con el cuarto hit rollinga de la noche. Chaleco le pregunta a Perez, incrédulo: "Are you with these guys?" "Yes, in fact, he's my husband", responde ella, orgullosa. En otro momento Jose va a la compu a ver qué está cargando Nacho, que justo estaba tecleando "Ratones". Aparece una chica pidiendo 5 euritos para la birra, le pagamos, clara señal de que hay que irse. Salimos, el frío nos vuelve a sacudir, encontramos un taxista que nos pregunta si somos no sabemos quién, le decimos que sí, subimos, Perez, con la BlackBerry en la mano, acomete la proeza de indicarle al tachero adónde vamos, se baja Nacho en su hotel, abrazo y despedida.
05.00: Caemos en el sillón.
19.05: Llegamos al hotel de nuestro común editor. ¿El edificio es a los hoteles lo que nuestra editorial al mercado? ¿Cón quién habla tanto por teléfono el editor? ¿Con la patrona? Preguntas que nos hacemos mientras esperamos en el hall, hasta que aparece, veinte minutos después. Caminamos unas cuadras hacia la zona más tourist.
19.45: Nos sentamos en un bar, pedimos cervezas y Flammkuchen, como para ir picando algo. Él se asusta ante los copones de medio litro, dice que nunca toma cerveza, que prefiere el vino. Intercambiamos banderines: él nos regala tres libros (las ediciones nos sorprenden por lo lindas, ¡llegaron las solapas!), le entregamos unas masas turcas que trajimos de Mannheim.
19:46: Perez se emborracha.
21.30: El editor se tiene que ir a otra reunión. (¡Cómo trabaja este hombre! Merece un aumento). De cebados que estamos, lo acompañamos aunque tenemos que ir para el otro lado. Nos despedimos.

"Poné cara de escritor en Frankfurt"
Tenemos una manija tal que nos pasamos mucho más allá de la Römmerplatz, donde vamos a encontrarnos con Nacho, un encumbrado ejecutivo del negocio editorial cuya identidad no podemos revelar. Nos perdemos, nos volvemos a encontrar. Llegamos a la pequeña disneylandia medieval para turistas. Nos sentamos en un bar. Pedimos dos cervezas para esperar.
Medianoche: Llegan Nacho y representantes de la industria editorial latinoamericana, todos de nuestra edad o más jóvenes (momento de mini bajón). La camarera avisa que en quince minutos cierran. Nosotros entendemos todo y hacemos de intérpretes. Subidón idiomático. Los quince minutos pasan volando, vienen a echarnos, ayudamos a Nacho y a los jóvenes latinoamericanos a terminar sus cervezas. Cruzamos un puente y estamos del otro lado del río, en una zona de bares. Nacho nos lleva a uno que es para él el mejor bar del mundo. Se llama Dreikönigkeller y, como podemos intuir, es un sótano (keller = sótano). Nos tomamos algunas cervecitas. La música se reduce a rockabilly de los 50 y 60, todos los temas están buenos, no suena ni un hit, pero tampoco hace falta. Tenemos charlas muy profundas con él, con su mujer (amiga íntima de Perez) que llama desde Buenos Aires, por mail con todo el staff de Revista Cotorra y por BBM con @7efes. La felicidad es total.

Tardísimo: Nacho tiene el dato de un karaoke. Luego de un largo viaje en taxi, llegamos al lugar. Parece ser una zona medio fabril. El taxi nos deja ante un portón. Entramos y caminamos por un gran parking al que dan varios edificios bajos. Encontramos una especie de hangar del que sale música. La puerta está cerrada, golpeamos, esperamos. Hace muchísimo frío. Después de un buen rato, nos damos cuenta de que sólo suena una batería. Nacho llama a sus amigos, que nos vienen a rescatar desde otro de los edificios.

El karaoke está dividido en cuartos. El nuestro es el más agitado, por lejos. Hay un cajón de cervezas. La onda es agarrar y colaborar al final de la noche. Perfecto. Los alemanes eligen hits de los 80, un bodrio. La dinámica no termina de convencernos. Se canta mucho en grupo, hay tres micrófonos, no hay un escenario delimitado. Se lee del plasma y se canta. Luego de un análisis a distancia, descubrimos cómo es el manejo del programa de karaoke. Nacho carga Let it Bleed y cantan con Jose, se viven momentos de alto jaggerismo, Perez, gaucha, festeja. Al tercer tema de los Rolling, Perez, que no es precisamente fan, no puede más.

"Keep the Argentines away from the machine", dijo un flaco. Careta. Automáticamente fue bautizado como Chaleco, dada su indumentaria, y fue repudiado en cada estribillo, con diferentes canciones, como ¿Crees que soy sexy? , con la rima "sos Chaleco, sos botón".
Entramos a otras salas de karaoke, a ver qué onda. Eran grupos mucho más chicos, de 6, máximo, tirados en sillones, cantando muy tranqui. No se suponía que pudiéramos entrar, pero estábamos aburridos. En un momento no identificado de la noche, sonó Cuando pase el temblor. Hubo cadena de oraciones para que se despierte Gustavo, y también para que reaccione Zeta. Hubo un Dancing queen, de cuya elección fuimos inocentes, pero de todos modos copamos el micrófono. Jose quiso cargar un tema y, sin querer, sacó el que estaba sonando. Abucheos. Chaleco pone cara de "estos pibes me tienen podrido". Se van los amigos latinoamericanos, nos despedimos con promesas de mandarnos algo por mail. En todas las despedidas del mundo hay alguien que dice "mandame eso". Nacho y Jose vuelven a copar la escena con el cuarto hit rollinga de la noche. Chaleco le pregunta a Perez, incrédulo: "Are you with these guys?" "Yes, in fact, he's my husband", responde ella, orgullosa. En otro momento Jose va a la compu a ver qué está cargando Nacho, que justo estaba tecleando "Ratones". Aparece una chica pidiendo 5 euritos para la birra, le pagamos, clara señal de que hay que irse. Salimos, el frío nos vuelve a sacudir, encontramos un taxista que nos pregunta si somos no sabemos quién, le decimos que sí, subimos, Perez, con la BlackBerry en la mano, acomete la proeza de indicarle al tachero adónde vamos, se baja Nacho en su hotel, abrazo y despedida.
05.00: Caemos en el sillón.
martes, 6 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
Oración a San Fabián de las Casas
Oh, San Fabián de las Casas,
concédenos sendos hogares
a exseñoM y familia
y a estos fieles.
Y si de paso querés bendecirnos
con tu prosa y tu poesía
te estaremos también agradecidos.
Amén.
jueves, 24 de noviembre de 2011
Despedida del otoño en Weimar
La última curva del otoño la agarramos en Weimar. Fuimos a visitar a Oli, un primo de Perez, que está estudiando ahí. La noche del sábado hubo que devolver la hora que nos habían dado hace unos meses, con lo cual empezó a oscurecer a eso de las 17, poco más, poco menos.
Weimar es chiquito y tiene un parque gigante, por el que caminamos todo lo que pudimos. Una de las atracciones era la casa de Goethe y el ginkgo, en todas sus formas, texturas y preparaciones, se vendía a lo pavo. O al menos eso intentaban. El museo de la Bauhaus fue la decepción del fin de semana porque era chico y lo poco que exhibía no le hacía honor.
Acá Perez agrega alguna data: Weimar quedó del lado de la DDR (de ahí la hoz y el martillo) y como todas las ciudades del Este, es más barata que el resto de Alemania. A Weimar, por lo que vimos, van a hacer turismo sobre todo alemanes y de mediana edad para arriba. Pero es una excelente opción para un fin de semana gasolero y bucólico. Oli me ofreció visitar el campo de concentración de Buchenwald, que está muy cerca; decliné la invitación porque justamente quería descansar del horror, a cuyo estudio me dedico for a living. Pero ya lo saben, si quieren seguirle la pista a Semprún, es por ahí.
Weimar es chiquito y tiene un parque gigante, por el que caminamos todo lo que pudimos. Una de las atracciones era la casa de Goethe y el ginkgo, en todas sus formas, texturas y preparaciones, se vendía a lo pavo. O al menos eso intentaban. El museo de la Bauhaus fue la decepción del fin de semana porque era chico y lo poco que exhibía no le hacía honor.
Arte con cebollas en la plaza principal.
Oficina de turismo.
El romanticismo y el bosque.
Cementerio con hoz, martillo y estrella.
Lo que era verde, ahora es marrón. Lo que era marrón, se cayó y es palito.
Acá Perez agrega alguna data: Weimar quedó del lado de la DDR (de ahí la hoz y el martillo) y como todas las ciudades del Este, es más barata que el resto de Alemania. A Weimar, por lo que vimos, van a hacer turismo sobre todo alemanes y de mediana edad para arriba. Pero es una excelente opción para un fin de semana gasolero y bucólico. Oli me ofreció visitar el campo de concentración de Buchenwald, que está muy cerca; decliné la invitación porque justamente quería descansar del horror, a cuyo estudio me dedico for a living. Pero ya lo saben, si quieren seguirle la pista a Semprún, es por ahí.
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Tips Cotorra para unas vacaciones en el frío
La momentánea mudanza a Berlín, el frío y la promesa de pronta visita de la Señora @MMDos, me animaron a escribir esta nota para Revista Cotorra, en la que puede observarse la influencia que ejerce sobre mi prosa la Cosmopolitan France, adquirida el lunes en la Gare de Liège - Guillemins, oh, tengo tantas cosas para contarles.
jueves, 3 de noviembre de 2011
No hay que poner todos los huevos en la misma canasta
Eso pensó Martín Redrado y ante el fracaso de sus carreras como político y latin lover, decidió apostar a la publicidad y firmó un importante contrato para protagonizar la campaña de saldos de Tchibo, la curiosa tienda alemana de café, ropa y artículos para el hogar.
Click acá.
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miércoles, 2 de noviembre de 2011
Una infiltrada
Se concretó la mudanza de mi laburo a Konstanz. Viajo seguido a esta ciudad que ya estoy queriendo. Imposible no quererla con lo bonita que es. Aunque mi trabajo no queda en la ciudad sino en la montaña.

La bruma al fondo son los Alpes. Los de Heidi y la vaquita de Milka. En la foto casi no se distinguen, pero en los días de sol, como la última vez, se ven los picos nevados. También en vivo y en directo se aprecia el lago. Entre los Alpes y el verde, está el lago.
Vistas desde mi oficina, con y sin Perez:


(No es a mí sola que me quedan mal los vidrios. Debe ser culpa del sarro).
Después de un día de trabajo bastante agitado, mi colega más joven, con la que comparto oficina, y yo, nos apropiamos de nuestro lugar. Tiramos cosas viejas de los ocupantes anteriores, inventariamos (es un decir, no somos tan alemanas todavía) los artículos de librería que habían dejado y nos sentamos un rato ante nuestras compus nuevas. Poné algo de música, me pidió ella. ¿Qué te gusta?, le pregunté. Los Decadentes, contestó. Gloriosa respuesta. La puse al día con los últimos discos de LDA y el discazo solista de Jorge Serrano. Sus temas tan psicológicos y existenciales, no desentonaron para nada con el entorno bucólico e intelectual al mismo tiempo.
Al día siguiente, el contraste fue mayor. Estábamos haciendo un estudio comparativo entre el primer y el segundo video de los Wachiturros y la versión de Pachu Peña, cuando salió el sol y las persianas se bajaron solas. Me asusté mucho y me sentí muy país emergente. También me encontré muy underdressed con mis atuendos invernales, y demasiado abrigada. Cómo le dan a la calefacción los europeos.
También me sentí extrañamente pobre cuando me instalaron el paquete de Office en mi macbook que ya hace más de un año que me regalaron y a la que nunca pude ponerle ningún programa porque son caros. Todo lo que en Argentina me hace o me haría sentir una tilinga, acá ya está re out. No me quejo, nomás les cuento el abismo de calidad y tecnología que nos separa.
Tengo miedo de que alguien se dé cuenta de que soy una infiltrada del tercer mundo fan de Serrano y me manden de vuelta a casa.
La bruma al fondo son los Alpes. Los de Heidi y la vaquita de Milka. En la foto casi no se distinguen, pero en los días de sol, como la última vez, se ven los picos nevados. También en vivo y en directo se aprecia el lago. Entre los Alpes y el verde, está el lago.
Vistas desde mi oficina, con y sin Perez:
(No es a mí sola que me quedan mal los vidrios. Debe ser culpa del sarro).
Después de un día de trabajo bastante agitado, mi colega más joven, con la que comparto oficina, y yo, nos apropiamos de nuestro lugar. Tiramos cosas viejas de los ocupantes anteriores, inventariamos (es un decir, no somos tan alemanas todavía) los artículos de librería que habían dejado y nos sentamos un rato ante nuestras compus nuevas. Poné algo de música, me pidió ella. ¿Qué te gusta?, le pregunté. Los Decadentes, contestó. Gloriosa respuesta. La puse al día con los últimos discos de LDA y el discazo solista de Jorge Serrano. Sus temas tan psicológicos y existenciales, no desentonaron para nada con el entorno bucólico e intelectual al mismo tiempo.
Al día siguiente, el contraste fue mayor. Estábamos haciendo un estudio comparativo entre el primer y el segundo video de los Wachiturros y la versión de Pachu Peña, cuando salió el sol y las persianas se bajaron solas. Me asusté mucho y me sentí muy país emergente. También me encontré muy underdressed con mis atuendos invernales, y demasiado abrigada. Cómo le dan a la calefacción los europeos.
También me sentí extrañamente pobre cuando me instalaron el paquete de Office en mi macbook que ya hace más de un año que me regalaron y a la que nunca pude ponerle ningún programa porque son caros. Todo lo que en Argentina me hace o me haría sentir una tilinga, acá ya está re out. No me quejo, nomás les cuento el abismo de calidad y tecnología que nos separa.
Tengo miedo de que alguien se dé cuenta de que soy una infiltrada del tercer mundo fan de Serrano y me manden de vuelta a casa.
lunes, 31 de octubre de 2011
Fotorrepo: Game over, Frankfurt
jueves, 27 de octubre de 2011
Diario de soltero IV - Día 3
Dormí mal, creo que la lectura de los últimos capítulos de Wakolda, más cierto estrés de estación, me alejaron del sueño prolongado. Arranqué temprano con la compu, decisión que tuvo su consecuencia con un ardor de ojos hacia la tardecita, pero no me quedaba otra. Hice varios tests teóricos para sacar el registro, con un promedio de 70% de respuestas correctas, salió el sol y decidí ir a correr, para despejar la bocha y mover el culito. Pasé de nivel en el sistema del sofá a 5km y esquivé el ataque de un perro mientras me esforzaba por respirar.
Trabajé bastante, me inventé una salidita a la tarde, una vuelta shopinguera, que incluyó la invención del término 'karbonische papier' en un negocio, no me entendieron, agarré un talonario de facturas que había por ahí, se lo mostré a la empleada, le hice el gesto de escribir, puse una carula, me entendió, me dijo el término en alemán pero también me aclaró que no vendían. Pasé por la escuela de manejo, la comunicación osciló entre mi mal alemán y el mal inglés de la secretaria, me dijo que tengo que hacer un par de trámites que nunca me habían dicho, volví a casa, laburé un ratito más, hablé con mi amigo Edu, con quien nos encontraremos en breve por acá, clavé un yufka en el camino a la terminal y fui a buscar a Perez, que llegó puntual y cansada.
Trabajé bastante, me inventé una salidita a la tarde, una vuelta shopinguera, que incluyó la invención del término 'karbonische papier' en un negocio, no me entendieron, agarré un talonario de facturas que había por ahí, se lo mostré a la empleada, le hice el gesto de escribir, puse una carula, me entendió, me dijo el término en alemán pero también me aclaró que no vendían. Pasé por la escuela de manejo, la comunicación osciló entre mi mal alemán y el mal inglés de la secretaria, me dijo que tengo que hacer un par de trámites que nunca me habían dicho, volví a casa, laburé un ratito más, hablé con mi amigo Edu, con quien nos encontraremos en breve por acá, clavé un yufka en el camino a la terminal y fui a buscar a Perez, que llegó puntual y cansada.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Diario de soltero IV - Día 2
Mannheim.
Lluvias.
Poca luz.
Llamados telefónicos a Buenos Aires para resolver algunos temitas.
Un vino alemán con gusto a remedio.
Una sonrisa llamada berenjenas al escabeche.
Lluvias.
Poca luz.
Llamados telefónicos a Buenos Aires para resolver algunos temitas.
Un vino alemán con gusto a remedio.
Una sonrisa llamada berenjenas al escabeche.
martes, 25 de octubre de 2011
Diario de soltero IV - Día 1
Muy temprano, a eso de las 7, Perez se despertó para ir a su reunión de laburo. Yo estaba zombie porque me había quedado hasta pasadas las dos mirando la fiesta de la democracia. Nos tomamos unos mates con Cristina de fondo y nos despedimos hasta el miércoles. Miré algunos videos más y ya no me pude dormir. Di vueltas en la cama, pero era imposible, así que decidí abrir la Bed Office, o sea, laburar en la cama. Desgrabé una entrevista bastante larga y aburrida y más tarde, en un esfuerzo de producción, salí a correr a orillas del Neckar. A la tarde fui en búsqueda de un pantalón de entrecasa, que se me viene negando y, por cierto, todavía no encontré. También tuve algunas dificultades para comprar sal gruesa, recién conseguí en el tercer supermercado al que fui. No entiendo. ¿Los alemanes no usan sal gruesa? Acá la llaman sal italiana y la necesitaba para mi principal proyecto de las próximas horas: berenjenas al escabeche.
La recorrida vespertina en búsqueda del pantalón y la sal gruesa la hice con la compu a cuestas, porque mi plan era sentarme a laburar en algún bar. Fue difícil encontrar uno lindo. Terminé eligiendo uno malo y conocido, que tiene el menú escrito en turco y la música funcional es ad hoc. Volví a casa a seguir laburando y a leer algunas notas más sobre las elecciones. Por cierto, qué manera de extrañar los diarios de papel durante todo el día. Entrada la noche, algo aburrido, dije algo en voz alta y noté que no hablaba hacía un par de horas, así que llamé a mi amigo Herno y hablamos una hora y media por teléfono. Antes de dormir hubo un último chapuzón de laburo.
La jornada en números:
Berenjenas a escabechear: 4 (no compré más porque no tengo tantos frascos).
Precio del café que me tomé: €1.90.
Veces que chequeé nuestro correo postal: 3 (no esperaba nada en particular pero estaba aburrido).
Charlas telefónicas con Perez: 3 (todas breves).
La recorrida vespertina en búsqueda del pantalón y la sal gruesa la hice con la compu a cuestas, porque mi plan era sentarme a laburar en algún bar. Fue difícil encontrar uno lindo. Terminé eligiendo uno malo y conocido, que tiene el menú escrito en turco y la música funcional es ad hoc. Volví a casa a seguir laburando y a leer algunas notas más sobre las elecciones. Por cierto, qué manera de extrañar los diarios de papel durante todo el día. Entrada la noche, algo aburrido, dije algo en voz alta y noté que no hablaba hacía un par de horas, así que llamé a mi amigo Herno y hablamos una hora y media por teléfono. Antes de dormir hubo un último chapuzón de laburo.
La jornada en números:
Berenjenas a escabechear: 4 (no compré más porque no tengo tantos frascos).
Precio del café que me tomé: €1.90.
Veces que chequeé nuestro correo postal: 3 (no esperaba nada en particular pero estaba aburrido).
Charlas telefónicas con Perez: 3 (todas breves).
martes, 18 de octubre de 2011
Afrolatino
Todos los que tenemos rulos quisimos pelo lacio y viceversa. "¿Por qué no te dejás el afro?", nos preguntan una y otra vez a los enrulados. Porque no es fácil llevar medio metro de rulo en la cabeza, sería la respuesta obvia. Como ya contamos en otro post, ninguno de los dos pasó por el friseur todavía y eso está facilitando el quiebre de récords históricos de largo y abundancia. En mi caso, me entregué al afro. Por el momento, sólo me lo bato antes de bañarme, como una gracia puertas adentro. Algún día de estos, iré a un recital o a algún lado con una buena porra.
Aclaración: algunos rulos se achicaron ante la lente, ya tendrán más novedades de esta apasionante evolución capilar.
domingo, 16 de octubre de 2011
El extraño caso de los pantalones en Alemania
Me compré dos pantalones en ESPRIT. Suele ser una vidriera que ni miro porque las cosas son carísimas (y lindas y aparentemente buenas). Pero en Frankfurt entré al local de la calle Zeil, que ostentaba sus carteles de SALE, a ver si la cosa iba en serio. Jose me avisó: mirá los pantalones. Después de mucho buscar, encontré tres modelos distintos de mi talle. Acá mi talle, 36 todavía, pero 36 hot a fuerza de Nutella, no se consigue. Llegué a temer que no existiera. Hasta consulté con una vendedora en París, ilusionada con la posibilidad de comunicarme en francés y descrifrar el misterio. Parece que no hay tal misterio. Mi 36 es un 26 acá y no se consigue, seguramente porque hacen pocos. Acá soy XS. Pues bien, ESPRIT tenía 26 y hasta un 25. A buen precio, EUR 29. Me probé tres, me llevé dos. Un jean BOY FIT la mar de cómodo para estar en casa y otro corderoy gris para el frío que, joda joda, ya empezó. Ninguno de los dos me volvió loca, pero el abrigo, tanto indoors como outdoors, empieza a ser una urgencia.
No pretendan fotos, no soy Luli B. lovely thing.
La moraleja para las viajeras: muchacha, nunca olvides que en Europa las ofertas son ofertas.
No pretendan fotos, no soy Luli B. lovely thing.
La moraleja para las viajeras: muchacha, nunca olvides que en Europa las ofertas son ofertas.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Todo lo que es actividad física
El sábado fuimos a correr. Sí, lectores, a correr. Del sofá a los 5 km, promete el folleto. No fue una experiencia feliz para quien suscribe. Ya lo sabía. El test de Cooper es uno de los recuerdos más traumáticos que conservo del secundario. La parte de la sintomatología se las voy a ahorrar, algo ligado a la respiración que, créanme, no les interesa. Con decirles que el paisaje de la ribera mannheimer fue lo más lindo de todo.
Lamento consignar que si bien no abandoné, no volví a salir. Pero hoy hubo segunda sesión de yoga, oh sí. La lucha contra el sedentarismo y la mala postura no tiene cuartel. Los atacaremos por los medios que sea, pero NO PASARÁN.
Lamento consignar que si bien no abandoné, no volví a salir. Pero hoy hubo segunda sesión de yoga, oh sí. La lucha contra el sedentarismo y la mala postura no tiene cuartel. Los atacaremos por los medios que sea, pero NO PASARÁN.
martes, 11 de octubre de 2011
Apagá la tele
Perez nunca quiso la tele que nos consiguió L., casi antes de tener departamento. Yo sí. Creía que nos podía servir para ponernos en contacto con el idioma, más allá de que me salvó en algunos momentos de soledad y vi Roland Garros y partidos de la Bundesliga. No la prendíamos hacía más de tres meses, pese a que Perez había solucionado el Mundo Caca que traía incorporado. Ocupaba bastante lugar y juntaba pelusa a lo loco.
El lector perspicaz notará que estamos hablando en pasado.
Ayer, mientras volvíamos de una tarde adrenalínica (mentira, fuimos al correo y a hacer unas compritas para subir las emociones, imagínense) vimos varios montones de basura de gran tamaño. Eso acá se llama Biotone y se saca cada dos o tres meses. No hay que dejar pasar las oportunidades. Una lámpara que nunca logramos hacer andar, y que nos había salido 2 euros, estaba esperando turno hacía bastante. Llegamos a casa y le dije a Perez de sacar la tele. Me miró con cara de sospecha.
- ¿Seguro? ¿Y los partidos y todo eso?
- Ya fue.
Con bastante esfuerzo, la cargué hasta la calle, junto a un cable larguísimo que me hizo compañía al costado de la cama durante estos meses. También le dejamos el control remoto y un cartel que escribió Perez: "Das funktioniert". Ojalá la haya manoteado alguien que le sirva.
El lector perspicaz notará que estamos hablando en pasado.
Ayer, mientras volvíamos de una tarde adrenalínica (mentira, fuimos al correo y a hacer unas compritas para subir las emociones, imagínense) vimos varios montones de basura de gran tamaño. Eso acá se llama Biotone y se saca cada dos o tres meses. No hay que dejar pasar las oportunidades. Una lámpara que nunca logramos hacer andar, y que nos había salido 2 euros, estaba esperando turno hacía bastante. Llegamos a casa y le dije a Perez de sacar la tele. Me miró con cara de sospecha.
- ¿Seguro? ¿Y los partidos y todo eso?
- Ya fue.
Con bastante esfuerzo, la cargué hasta la calle, junto a un cable larguísimo que me hizo compañía al costado de la cama durante estos meses. También le dejamos el control remoto y un cartel que escribió Perez: "Das funktioniert". Ojalá la haya manoteado alguien que le sirva.
jueves, 6 de octubre de 2011
Yoga
En París tomamos una clase de yoga con Vero y refrescamos nuestros modestos conocimientos en la materia.
Hoy, hicimos lugar en el dormitorio, tiramos unas mantitas al suelo (que hubo que sacar a la hora del adomuka porque resbalaban, claro, qué amateurs) e hicimos cincuenta minutos de yoga. Para nosotros, que no somos precisamente yoguis (en mi caso más que nada porque me aburre), es todo un logro.
Para mí fue clave haber dado con el playlist adecuado. Cuando hacíamos yoga en Buenos Aires, me gustaba mucho un disco que ponía la profe y que resultó ser de Nina Hagen.

"Om Namah Shivay" se puede bajar de acá:
Consejo para las hiperlaxas: no te confíes de tu condición, no hagas el puente de una. Yo sé por qué te lo digo. Ay.
Hoy, hicimos lugar en el dormitorio, tiramos unas mantitas al suelo (que hubo que sacar a la hora del adomuka porque resbalaban, claro, qué amateurs) e hicimos cincuenta minutos de yoga. Para nosotros, que no somos precisamente yoguis (en mi caso más que nada porque me aburre), es todo un logro.
Para mí fue clave haber dado con el playlist adecuado. Cuando hacíamos yoga en Buenos Aires, me gustaba mucho un disco que ponía la profe y que resultó ser de Nina Hagen.

"Om Namah Shivay" se puede bajar de acá:
Consejo para las hiperlaxas: no te confíes de tu condición, no hagas el puente de una. Yo sé por qué te lo digo. Ay.
miércoles, 5 de octubre de 2011
Cueros
¿Alguien me explica por qué el argentino en cuanto puede se queda en cueros?

Esto es en París, a nuestra llegada de Bretagne, con un calorcito inédito para septiembre, pero que no justificaba este ataque de exhibicionismo por parte de los jugadores. Huelga decir que en esa placita de barrio nadie más estaba en panza, como dicen las sobrinas de Jose cuando (¡qué manía!) se saca la remera.
Cierta persona que toma mate a mi lado y a quien no voy a nombrar, quiere que cuente quién ganó el torneo de ping pong, pero no le vamos a dar el gusto porque lo importante es competir (y ponerse en cueros).

Esto es en París, a nuestra llegada de Bretagne, con un calorcito inédito para septiembre, pero que no justificaba este ataque de exhibicionismo por parte de los jugadores. Huelga decir que en esa placita de barrio nadie más estaba en panza, como dicen las sobrinas de Jose cuando (¡qué manía!) se saca la remera.
Cierta persona que toma mate a mi lado y a quien no voy a nombrar, quiere que cuente quién ganó el torneo de ping pong, pero no le vamos a dar el gusto porque lo importante es competir (y ponerse en cueros).
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