Las tres patas de la cocina típica belga son las papas fritas, el chocolate y la cerveza y nosotros no pudimos más que sumarnos a esa dieta básica, a toda hora, en todo lugar.
El domingo fuimos a Brujas. Una locura de linda esa ciudad. Había escuchado mucho sobre ella y, aunque te cruces con mil turistas por minuto, siempre hay algo donde poner el ojo y sorprenderte.
¡Wafflles!
Tomamos una excursión en un barquito que estuvo espectacular pese a que el guía hablaba más que una suegra incómoda:
Había llegado ansioso y con muchas ganas de verlos y, la verdad, el encuentro no me defraudó ni un poquito. La pasé genial, meta charla, frita y birra, ¿qué más se puede pedir? Chocolate. Y también hubo, mucho. Todos estamos en una situación similar: empezando, de a poco, a instalarnos en países nuevos, así que veníamos sedientos de charling.
Antes de volver a Liège, pasamos por Ostende, una playa muy copada, algo ventosa en esta época, en la que alquilamos, gratis, unas bicis por un rato.