lunes, 30 de enero de 2012

Al fin

El mail llegó el jueves a la tarde, lo respondimos a la noche y al día siguiente hablamos por teléfono con el flaco. Él había leído el anuncio que publicamos en una página en la que los investigadores ofrecen los departamentos que deben dejar temporalmente o anuncian qué necesitan. El sábado a la mañana fuimos a conocerlo. Más temprano, a las 10, y con -3 de sensación térmica, habíamos ido a ver otro depto, cerca, que zafaba. Quisimos aplicar pero no entendimos la segunda hoja que había que completar, así que fuimos rumbeando hacia el segundo destino. Matamos la espera en un barcito muy lindo. A las 11 fuimos en búsqueda de nuestro nuevo amigo, que nos propuso bajar a tomar algo y conocernos antes de ver el departamento. Fuimos de nuevo al mismo bar, charla que te charla, todo parecía ir bien. Por teléfono había dicho que tenía más candidatos pero nos hablaba como si estuviera todo medio cocinado. Nos preguntó por nosotros, qué hacíamos, cuánto nos íbamos a quedar, etcétera. Explicó que vive en Nápoles, que cada tanto va a pasar unos días en Berlin, o sea, que vamos a convivir, pero bueno, jura que serán pocos días.

Después de un rato, subimos al departamento: nos encantó, no hizo falta recorrer demasiado para darnos cuenta de que esa podía ser nuestra casa. Nos mostró las piezas en las que todavía estaba la gente que le alquilaba de forma temporal: vimos a una chica que parecía conectada, por USB, a su compu, y a un griego en bata. Después nos llevó a conocer el barrio, nos mostró una feria (muy barata, muy turca) en la que él hace las compras y también pasamos por su carnicería preferida. El paseíto terminó en la casa en la que él está parando actualmente, firmamos unos contratos estándar que había comprado en una librería y todos contentos. Más tarde, a las 18, le acercamos los originales de los pasaportes y la guita para el depósito, él nos dio la llave. El informal recibo por el depósito es este:


A la noche, cuando paró de nevar, salimos a festejar con amigos y a bailar. Poco premio después de los 35 departamentos que vimos en esta maratónica búsqueda inmobiliaria, que ya terminó, pero todavía no lo podemos creer. Ayer, domingo, llevamos las primeras pertenencias: 5 libros. Volvimos a ver al griego y seguía en bata.

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