Nuestra estadía en Orvieto coincidió con el Fantasy Horror Award, un festival de cine fantástico y de terror italiano. En su apogeo, el viernes a la noche, Lau y yo conocimos a parte de la crew de la peli Morituris. No terminé de entender si el film es sobre gladiadores vs. zombies, gladiadores zombies o es una de zombies en Roma. Como sea, este blog la recomienda, para que vean que estamos en la cresta de la ola de la cultura europea.
martes, 7 de junio de 2011
El sueño de la razón produce monstruos
Nuestra estadía en Orvieto coincidió con el Fantasy Horror Award, un festival de cine fantástico y de terror italiano. En su apogeo, el viernes a la noche, Lau y yo conocimos a parte de la crew de la peli Morituris. No terminé de entender si el film es sobre gladiadores vs. zombies, gladiadores zombies o es una de zombies en Roma. Como sea, este blog la recomienda, para que vean que estamos en la cresta de la ola de la cultura europea.
lunes, 6 de junio de 2011
Diario de soltero. Día 7
Este va a ser el último reporte de este diario porque hoy a la noche llega Perez. Esta jornada se fue en algunos preparativos que tuvieron que ver con su regreso (básicamente, ordenar), repaso mental del triste partido de River que vi hasta las 3.30 de la mañana y también con trámites domésticos, como ir a buscar al edificio de la municipalidad las bolsas amarillas en las que se deben tirar los plásticos, hacer algunas compritas.
De puro aburrido, armé un mueblecito que compramos hace unos días para poner zapatos. Es toda una costumbre alemana: descalzarse en la entrada de cada casa y ponerse pantuflas, los mejores anfitriones también tienen para sus visitas. De esa manera no ingresa a la casa toda la merda que se puede traer en el calzado, básicamente agua o nieve, o agua-nieve, lo cual sería más extraño por estos lares.
Les agradezco la compañía y el aguante en estos días de soltería.
De puro aburrido, armé un mueblecito que compramos hace unos días para poner zapatos. Es toda una costumbre alemana: descalzarse en la entrada de cada casa y ponerse pantuflas, los mejores anfitriones también tienen para sus visitas. De esa manera no ingresa a la casa toda la merda que se puede traer en el calzado, básicamente agua o nieve, o agua-nieve, lo cual sería más extraño por estos lares.
Les agradezco la compañía y el aguante en estos días de soltería.
domingo, 5 de junio de 2011
Diario de soltero. Día 6
En mi recorrida de ayer, luego de cruzarme con el tributo a Sinatra, encaré a una juguetería que tenía vista para comprarme un amigo que me ayude a espantar el domingazo.
Me traje a este canguro que había visto en nuestro paseo en Berlín. Como verán, está rodeado de alta cultura que nos llegó junto al cargamento de libros:
Me traje a este canguro que había visto en nuestro paseo en Berlín. Como verán, está rodeado de alta cultura que nos llegó junto al cargamento de libros:
Días 2 y 3 por las rutas italianas
En Marta nos enteramos de que estábamos en zona de aguas termales. En Viterbo, por ejemplo, varios hoteles cinco estrellas ofrecían baños termales. Pero también nos comentó la gente del hotel, muy simpáticos, como ya comenté, que había una pileta pública. Las instrucciones para llegar no eran sencillas: no estaba señalizado, había que ir en dirección a Viterbo y doblar cuando viéramos un camino blanco con una casa blanca con un árbol en el medio. Fuimos hasta Viterbo, volvimos, volvimos a volver y la tercera fue la vencida. Más por intuición que por haber visto la casa con el árbol (que ni era blanca ni estaba a la vista desde la ruta), doblamos por un camino blanco que nos llevó a un parking de casas rodantes detrás del cual estaban las piletas termales. Éramos las únicas turistas y los tanos nos preguntaron cómo nos habíamos enterado de la existencia del lugar. Aguante el turismo popular. No sacamos fotos. El poputurismo no es muy fotogénico.
Próxima parada: Bolsena. A orillas del mismo lago que Marta. Llegamos con lluvia y pasado el mediodía y estaba todo cerrado. Comimos un sanguchito, en mi caso de jamón crudo, para levantar la presión después del baño termal, y salimos a recorrer el barrio medieval. Mientras tanto, empezaba a despabilarse otra vez la ciudad.




En un mercado de artesanías nos hicimos amigas de un vendedor de bijou que enseguida se declaró "de sinistra" y nos enseñó a decir que "siamo compagni". De parte de él escuché el primer y demorado "¿Argentina? ¡Maradona!". También nos pusimos a charlar con un jubilado que por hobbie hace canastos en mimbre trenzado y que nos habló, con la misma pasión, del Miracolo Eucarístico ocurrido en el 1200 en Bolsena y de Antonio Gramsci, que para mi sorpresa y alegría está presente en las calles de varias de las ciudades que vamos conociendo.
Orvieto: De esta ciudad teníamos el dato pintoresco de que estaba construida en lo alto de la montaña sobre una roca. Razón suficiente para ir a visitarla. Este viaje es así, improvisado, flexible, caprichoso. A Tuscania llegamos de casualidad, en Marta nos quedamos porque el GPS se negó a sacarnos de ahí y Orvieto, bueno, Orvieto está sobre una roca.
Cautivadas por su nombre, nos alojamos en el exclusivo Hotel Posta:




¡Oh, sí, en Italia hay bidet! En Alemania, no.


El sábado a la mañana hubo feria y compramos la vianda para el picnic, pero me quedo con el mercado en Mannheim, martes, jueves y sábado en Marktplatz, ya lo saben.


Tenemos varias fotos de Ana abrazada con comerciantes. Los italianos desempeñan su papel de italianos a la perfección y son mayormente simpáticos, expansivos, cariñosos... y toquetones. Fíjense este señor cómo agarra:

Lau y yo la flasheamos mucho con la basílica de Orvieto y sus fachadas laterales (¿estará bien dicho?) a rayas:




Hasta un museo de la faina tiene Orvieto:

De Orvieto partimos hacia Cortona, que Ana quería visitar por la simple razón de que aquí se filmó "Bajo el sol de Toscana". En la ruta nos agarró la tormenta y decidimos hacer noche acá.
Próxima parada: Bolsena. A orillas del mismo lago que Marta. Llegamos con lluvia y pasado el mediodía y estaba todo cerrado. Comimos un sanguchito, en mi caso de jamón crudo, para levantar la presión después del baño termal, y salimos a recorrer el barrio medieval. Mientras tanto, empezaba a despabilarse otra vez la ciudad.
En un mercado de artesanías nos hicimos amigas de un vendedor de bijou que enseguida se declaró "de sinistra" y nos enseñó a decir que "siamo compagni". De parte de él escuché el primer y demorado "¿Argentina? ¡Maradona!". También nos pusimos a charlar con un jubilado que por hobbie hace canastos en mimbre trenzado y que nos habló, con la misma pasión, del Miracolo Eucarístico ocurrido en el 1200 en Bolsena y de Antonio Gramsci, que para mi sorpresa y alegría está presente en las calles de varias de las ciudades que vamos conociendo.
Orvieto: De esta ciudad teníamos el dato pintoresco de que estaba construida en lo alto de la montaña sobre una roca. Razón suficiente para ir a visitarla. Este viaje es así, improvisado, flexible, caprichoso. A Tuscania llegamos de casualidad, en Marta nos quedamos porque el GPS se negó a sacarnos de ahí y Orvieto, bueno, Orvieto está sobre una roca.
Cautivadas por su nombre, nos alojamos en el exclusivo Hotel Posta:


¡Oh, sí, en Italia hay bidet! En Alemania, no.

El sábado a la mañana hubo feria y compramos la vianda para el picnic, pero me quedo con el mercado en Mannheim, martes, jueves y sábado en Marktplatz, ya lo saben.
Tenemos varias fotos de Ana abrazada con comerciantes. Los italianos desempeñan su papel de italianos a la perfección y son mayormente simpáticos, expansivos, cariñosos... y toquetones. Fíjense este señor cómo agarra:
Lau y yo la flasheamos mucho con la basílica de Orvieto y sus fachadas laterales (¿estará bien dicho?) a rayas:


Hasta un museo de la faina tiene Orvieto:

De Orvieto partimos hacia Cortona, que Ana quería visitar por la simple razón de que aquí se filmó "Bajo el sol de Toscana". En la ruta nos agarró la tormenta y decidimos hacer noche acá.
sábado, 4 de junio de 2011
Diario de soltero. Día 5
Casi que me obligué a salir de casa y se me ocurrió hacer este diario en imágenes. Arranqué al mediodía y pasé por el receptor de vidrio para deshacerme de unos cuantos frascos.
Los sábados todos los bares están llenos de gente, a toda hora, comiendo cualquier cosa. La foto me quedó algo lejana, me dio vergüenza acercarme más.
En la feria me compré una porción de esta tarta para la cena. Ya me hice habitué de ese puestito. Y de esa tarta.
Esta foto es medio mala. Quise mostrar que los sábados hay mucha gente en la calle. Háganse esa idea.
A este puesto de papas fritas se la tengo jurada. Todavía no le entré.
Ladris del altiplano.
Acción de marketing presencial, por no decir ruleta, en la puerta de un negocio de celulares.
Almorcé en Tasty Dönner. Le damos 8 puntos por la relación precio calidad (2.50 el grande, una ganga) y, sobre todo, porque uno de los que atendía me contó que tuvo una mujer argentina, con la que bailaba tango y me dijo las únicas palabras que sabía en español: Te quiero mucho. Perla negra: otro de los que atendía se sentó en mi mesa (en la calle, adentro hacía un calor tremendo) a fumarse un puchito y me fumigó mientras comía.
En las últimas semanas se vienen repitiendo estos eventos en los que hay puestos de comida (salchicha y embutidos) y mesas, muchas mesas, en las que se acomodan los comensales, casi toda gente grande. En ese evento me encontré con este homenaje alemán a Frank Sinatra.
Última acción de marketing de guerrilla del día: regalaban Coca Zero. Agarré una y soporté dos tragos. Alemania está incentivando mi gusto por lo salado. Volví a casa y dormí una siestita de dos horas que me curó el dolor de cabeza. Aleluya.
Diario de soltero. Día 4
Me levanté tarde porque me acosté tarde. Me quedé mirando Vélez - Peñarol, que tenía pinta de ser un partidazo y lo fue. Cuando terminó, acá ya se estaba haciendo de día y se escuchaban a esos mirlos que andan dando vueltas. También trabajé hasta tarde y quedé muy conforme con lo que escribí, con lo cual pude acallar un rato al nazi interno que me vive diciendo "dale, escribí, no seas vago, cortala con Twitter que son todos pajeros".
Me dolió la cabeza todo el día. Tengo la teoría que estoy pasando más tiempo frente a la compu y que eso me está sacando algo de salud. A la mañana limpié y más tarde llevé la ropa al único lavadero que vi en Mannheim. O sea, un día muy conchita. Y también de algunos trámites de esos que se parecen a un castigo: reclamar a una agencia de publicidad que me paguen, llamar al banco porque me anularon la clave para acceder a la cuenta por Internet, hablar con el inquilino. Puras mierdas. Y con dolor de cabeza.
Al mediodía comí la media pizza que sobró de anoche y cené otra vez salchichas con papa. Mañana pienso almorzar un sanguchón en la feria y prometo sacarle una foto. Lo digo como para tener algo que hacer. La verdad, para los próximos días no tengo más que escribir y sufrir por River y su promoción.
Me dolió la cabeza todo el día. Tengo la teoría que estoy pasando más tiempo frente a la compu y que eso me está sacando algo de salud. A la mañana limpié y más tarde llevé la ropa al único lavadero que vi en Mannheim. O sea, un día muy conchita. Y también de algunos trámites de esos que se parecen a un castigo: reclamar a una agencia de publicidad que me paguen, llamar al banco porque me anularon la clave para acceder a la cuenta por Internet, hablar con el inquilino. Puras mierdas. Y con dolor de cabeza.
Al mediodía comí la media pizza que sobró de anoche y cené otra vez salchichas con papa. Mañana pienso almorzar un sanguchón en la feria y prometo sacarle una foto. Lo digo como para tener algo que hacer. La verdad, para los próximos días no tengo más que escribir y sufrir por River y su promoción.
viernes, 3 de junio de 2011
Primer día en la ruta
Nos encontramos con mi prima Laura en el aeropuerto de Fiumicino y ahí nos subimos a nuestro batimóvil de alquiler. Lau ocupó el asiento del copiloto y se hizo cargo del mapa rutero y del manual del auto. A mí me encanta andar en auto e ir adelante, en el lugar de Irma, pero la verdad que no hubiera sido de ninguna ayuda para encontrar las luces ni prender el aire acondicionado. Lau también nos desarmó el provisorio plan de viaje que habíamos hecho la noche anterior, pero para bien, así que tengo decidido entregarme a sus brazos y dejarme llevar. La control freak está de vacaciones.
La primera parada fue muy cerca, en una ciudad costera que se llama Ladíspoli. Mar de Ajó, dictaminamos.

Almorzamos platos con pescado (me pedí rabas en honor a mis compañeras de redacción de la Revista Cotorra).

Luego, Tuscania. Algo con los etruscos. Seguro que la fundaron los etruscos, que se encontraron ruinas, etcétera.









Pasamos por una ciudad chiquita de pescadores, Marta, a orillas del lago de Bolsena, y cuando quisimos salir de ahí, el GPS se mareó y nos hizo entrar de nuevo. Lo interpretamos como una señal y decidimos hacer noche ahí. Encontramos el Hotel Otello (gente que no le teme a la cacofonía).


Fue el mejor hotel en el que paramos en todo el viaje. Nos hicieron sentir bienvenidas de verdad, fue barato, dormimos bien, comimos mejor (espectaculares los penetti al salmón y el pez espada). En el bar de enfrente, llamado "The Other Side" y atendido por dos hermanos a cual más bello, solucionamos el único inconveniente del Hotel Otello, que es su carencia de internet. Al día siguiente, me di cuenta de que en el restorán del hotel había conexión, me dieron la clave y chau pinela. En otros hoteles nos quisieron cobrar hasta 8 euros la hora de internet. Non è giusto.
Salimos de Marta el viernes al mediodía, renovadas.

La primera parada fue muy cerca, en una ciudad costera que se llama Ladíspoli. Mar de Ajó, dictaminamos.
Almorzamos platos con pescado (me pedí rabas en honor a mis compañeras de redacción de la Revista Cotorra).

Detalle de la decoración del restó.
Luego, Tuscania. Algo con los etruscos. Seguro que la fundaron los etruscos, que se encontraron ruinas, etcétera.

Pasamos por una ciudad chiquita de pescadores, Marta, a orillas del lago de Bolsena, y cuando quisimos salir de ahí, el GPS se mareó y nos hizo entrar de nuevo. Lo interpretamos como una señal y decidimos hacer noche ahí. Encontramos el Hotel Otello (gente que no le teme a la cacofonía).

Fue el mejor hotel en el que paramos en todo el viaje. Nos hicieron sentir bienvenidas de verdad, fue barato, dormimos bien, comimos mejor (espectaculares los penetti al salmón y el pez espada). En el bar de enfrente, llamado "The Other Side" y atendido por dos hermanos a cual más bello, solucionamos el único inconveniente del Hotel Otello, que es su carencia de internet. Al día siguiente, me di cuenta de que en el restorán del hotel había conexión, me dieron la clave y chau pinela. En otros hoteles nos quisieron cobrar hasta 8 euros la hora de internet. Non è giusto.
Salimos de Marta el viernes al mediodía, renovadas.
jueves, 2 de junio de 2011
Ahora sí, Roma con fotos
El miércoles salimos decididas a comernos Roma cruda. Visitamos el Coliseo, que me hizo pensar mucho en mi profe de Latín, la mejor docente que tuve en la vida, puedo decir, y eso que tuve buenos.

De ahí nos tomamos un bondi en dirección al Vaticano, pero cambiamos de bus en Piazza San Silvestro y aprovechamos para comer: los restoranes con mesas en la calle rodeados de plantas y flores invitan a parar a cada paso. De ahí, ahora sí, con la panza llena pero liviana (porque pedimos ensalada y acá son sólo un primer plato, ojo el turista que viene de Alemania donde la ensalada es para compartir), encaramos hacia la Santa Sede. Yo me resistía, pero mi tía Ana insistió y no me dio el corazón para decirle que no. Una gigantografía del recientemente beatificado Juan Pablo II dominaba la Plaza de San Pedro. La cola para entrar a la Basílica daba la vuelta a casi toda la plaza. No la hicimos. Con la horita de cola para entrar al Coliseo había sido suficiente. En cambio, nos fuimos a recorrer los bizarrísimos negocios de merchandising papal de los alrededores.

Volvimos a pie y así como el día anterior habíamos encontrado de casualidad el Pantheón, nos pasó lo mismo con Piazza Navona, donde protagonicé un sentido reencuentro con el helado de verdad (lo siento, Fontanella, tenía que decírtelo).


Nos dedicamos durante horas a vagar por callecitas angostas y meternos en cuanto negocio nos llamara la atención, y Roma es el lugar ideal para hacerlo. Como tía y sobrina, disfrutamos mucho de mirar ropa, entrar a los probadores, opinar, meter fichas para que la otra se decida y compre. Aunque tengo que confesar que más que comprarme, me dejé comprar. Sólo llevamos tres días de viaje y ya mi valijita acusa la generosidad de la tía. Tuve que hacer un gran trabajo conmigo misma para dejarme mimar de esta manera. Estoy muy acostumbrada a la pobreza y la autosuficiencia, y ya no soy lo primero ni quiero ser más lo segundo.
La noche nos encontró otra vez en los alrededores de Piazza Navona, donde cenamos en un restorán rídiculamente llamado Old Bear, donde sirven una lasagna de berenjena y queso ahumado que recomiendo con fervor. Además, no nos fajaron para nada. Roma es caro, atención. Y repito, algunas porciones son chicas, porque acá hay costumbre de comer primer y segundo plato.

Dos cosas hay a montones en Roma: motos y sotanas.


También hay suciedad, ruido, besos apasionados, puteadas, gestos ampulosos, bocinazos, risas. Lo que no hubo fue ningún "¿Argentina? ¡Maradona!", lo siento, dorima.
Les dejo de yapa, un Space Invader:
De ahí nos tomamos un bondi en dirección al Vaticano, pero cambiamos de bus en Piazza San Silvestro y aprovechamos para comer: los restoranes con mesas en la calle rodeados de plantas y flores invitan a parar a cada paso. De ahí, ahora sí, con la panza llena pero liviana (porque pedimos ensalada y acá son sólo un primer plato, ojo el turista que viene de Alemania donde la ensalada es para compartir), encaramos hacia la Santa Sede. Yo me resistía, pero mi tía Ana insistió y no me dio el corazón para decirle que no. Una gigantografía del recientemente beatificado Juan Pablo II dominaba la Plaza de San Pedro. La cola para entrar a la Basílica daba la vuelta a casi toda la plaza. No la hicimos. Con la horita de cola para entrar al Coliseo había sido suficiente. En cambio, nos fuimos a recorrer los bizarrísimos negocios de merchandising papal de los alrededores.
Volvimos a pie y así como el día anterior habíamos encontrado de casualidad el Pantheón, nos pasó lo mismo con Piazza Navona, donde protagonicé un sentido reencuentro con el helado de verdad (lo siento, Fontanella, tenía que decírtelo).
Nos dedicamos durante horas a vagar por callecitas angostas y meternos en cuanto negocio nos llamara la atención, y Roma es el lugar ideal para hacerlo. Como tía y sobrina, disfrutamos mucho de mirar ropa, entrar a los probadores, opinar, meter fichas para que la otra se decida y compre. Aunque tengo que confesar que más que comprarme, me dejé comprar. Sólo llevamos tres días de viaje y ya mi valijita acusa la generosidad de la tía. Tuve que hacer un gran trabajo conmigo misma para dejarme mimar de esta manera. Estoy muy acostumbrada a la pobreza y la autosuficiencia, y ya no soy lo primero ni quiero ser más lo segundo.
La noche nos encontró otra vez en los alrededores de Piazza Navona, donde cenamos en un restorán rídiculamente llamado Old Bear, donde sirven una lasagna de berenjena y queso ahumado que recomiendo con fervor. Además, no nos fajaron para nada. Roma es caro, atención. Y repito, algunas porciones son chicas, porque acá hay costumbre de comer primer y segundo plato.
Dos cosas hay a montones en Roma: motos y sotanas.
También hay suciedad, ruido, besos apasionados, puteadas, gestos ampulosos, bocinazos, risas. Lo que no hubo fue ningún "¿Argentina? ¡Maradona!", lo siento, dorima.
Les dejo de yapa, un Space Invader:
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